martes, 7 de junio de 2016

Francisco de Venanzi: La Ciencia y la literatura como pasión.



Francisco de Venanzi, gran apasionado a la investigación científica y a la medicina, atraído a ella gracias a los nuevos descubrimientos y la constante evolución que sufre día a día. Dicha pasión lo llevo a pasar a la historia como una de los más importantes investigadores de la ciencia en Venezuela. Era Venezuela, su principal excusa para indagarse en el mundo de la investigación. Unos de sus primeros trabajos ya estando laborando en un hospital como laboratorista, fue motivo de su preocupación por la nutrición y el sistema alimenticio de las zonas más pobres del país, debido a esto, trabajó con lo que estaba a su alcance sin tener demasiados datos y cifras que le ayudasen a sostener un resultado bastante confiable y basándose en información tomada de la literatura científica, logra elaborar tablas de los alimentos que consumían las personas, y calculó las calorías y la composición en proteínas, carbohidratos y grasas.
Francisco de Venanzi, era un joven apasionado a la ciencia, a la investigación y la medicina, términos que logro unir, hacer que formaran parte de su vida y por su puesto sacar provecho de todo esto. En sus inicios la literatura era un tema que lo complacía, pero al llegar la medicina a su vida, con sus constantes cambios, sus apasionantes temas y grandes beneficios al hombre, enseguida logro atraparlo y hacerse paso a una parte muy importante en su vida. Sin embargo, este no dejo del todo el mundo de la literatura, puesto que logra publicar varios artículos en distintas revistas y periódicos alusivos a las nuevas tendencias científicas acerca de sus hallazgos y avances investigativos que logro descubrir y varios libros en los que reflexiona sobre la necesidad de mejorar la educación superior, de mantener la autonomía universitaria y promover la investigación científica en todas las áreas del conocimiento, entre otros. 


Es Francisco Venanzi, un personaje importante en el mundo de la investigación en Venezuela, diversos reconocimientos que le fueron otorgado, demuestra el significado tan elevado que tiene como investigador científico el cual es digno de admirar, entre los premios que logro ganar están el Premio José Gregorio Hernández (1945), el Premio Nacional de Ciencias (1955), éste junto con Marcel Roche, el Premio CONICIT (1980), junto con Félix Pifano, y el Premio Simón Bolívar a la labor universitaria (1983).
Venanzi, al conseguir mezclar todas sus pasiones, todos sus gustos y no dejarlos ir, no tener que abandonar algunos de ellos para poder lograr otro, fusionarlos y hacer de ellos su profesión demuestra que es un verdadero apasionado gracias a sus importantes alcances en el mundo de la investigación, hoy en día se puede tomar como referencia y ejemplo a este importante personaje como unos de los más significativos hombres en la investigación y eso lo hace ser un gran protagonista en el periodismo científico en Venezuela.


Artículo realizado por estudiantes del Séptimo Semestre, del programa de Comunicación Social, de la Universidad Experimental de los llanos Centrales "Rómulo Gallegos"

Luisanny Marrero C.I: 21.231.194
Maria Gabriela Ortiz C.I: 22.615.009
Daniela Moreno C.I: 20.876.354
Monica Molina C.I: 23.575.211
Santiago Mendez C.I: 25.708.202

domingo, 22 de diciembre de 2013

I wrote this song for my father

«Sometimes I feel he never gave a damn about me

Though he raised me like he should 
Did he understand me? No, no, I don't think so
I wrote this song for my mother, wrote this song for our father 
So hopefully we can come together 
And hopefully make things a little better. »


Kellin Quinn describiendo mi vida en un par de lineas. Es así de simple.








sábado, 21 de diciembre de 2013

El frío de la noche decembrina golpeo mi piel cuando decidí salir a la terraza. Adentro, Lucifer descansaba placidamente entre las desordenadas sabanas de nuestra cama, al verlo allí, un montón de recuerdos me atacaron. 


~Flashback~


Kyriel era bella tanto como los demás Ángeles, tenía la piel tan blanca como la nieve y rostro redondeado a la perfección. Ojos grandes y encantadores labios de color carmín.
No tenía un gran puesto, pero le gustaba llevar su trabajo a la perfección, ganándose el reconocimiento en las filas divinas.


Esa mañana despertó más emocionada que en toda su existencia, que no era corta. A pesar de ser solo una más de la orden de Uriel, se le había dado la oportunidad de reunirse con Miguel, para discutir algunas cosas del nuevo mundo en nombre de su señor. Arreglo sus rubios rizos sobre su cabeza, y se aseguro de que sus alas descansaran cómodas fuera de la túnica, antes de salir.


Apenas dejo su pequeña habitación, supo que algo estaba mal. Todos corrían de aquí para allá, gritando y, uno que otro, a punto de llorar. Kyriel no se intimido y siguió su camino, pero al llegar al centro del patio, todo empeoro.


Miguel, el gran señor Arcángel estaba en el medio, con la espada levantada hacia Luzbel, el ángel más bello de todos, el preferido del Señor.

«Este... ángel -dijo Miguel con voz seca, despojada de emoción.- Nos ha traicionado a todos. Habla de revoluciones y cambios. Habla de sustituir el puesto de nuestro Señor... Será expulsado.»

«Expúlsame si quieres -respondió el otro desde el piso, con una sonrisa encantadora.- Eso no cambiara la verdad, Miguel, querido. Nuestro señor no nos ofrece nada más que una eternidad llena de trabajos a merced de esos que pretende crear. Yo en cambio…»

«CALLATE INSOLENTE –Bramo el Arcángel, levantando la espada nuevamente.- »

Justo en ese momento los ojos de Luzbel se posaron en la pequeña Kyriel, que veía todo desde el borde. Su corazón se detuvo, y sin saber como, logro atravesarse entre la espada y el cuerpo del querubín. Firmó su sentencia.

La levantaron junto con él, atando sus manos y vendando sus ojos, llevándola a trompicones a un lugar desconocido. No tuvo tiempo de reaccionar, de pedir clemencia o nada más, porque poco después un dolor abrasador inundo su espalda, y todo el peso se había ido, habían arrancado sus alas sin piedad. Lo siguiente que supo, era que caía sin parar.

Un montón de cosas pasaron por su mente mientras iba hacia abajo. ¿Por qué lo defendió? ¿Qué la impulso? ¿Por qué desobedeció aun sabiendo que la palabra de Miguel era la ley? Ninguna respuesta llego con su doloroso aterrizaje. Las cadenas parecían haber desaparecido, así que simplemente se levanto como pudo, goteando icor desde su espalda. Quito la venda de sus ojos y los abrió.
Lo que vio la lleno de horror y miedo, su nariz se inundo con un olor nauseabundo. Estaba en un plano gris, bañado con mesetas de lava ardiente, y sin vida por ningún lugar. Frente a ella, un ser grotesco se alzaba, batiendo unas alas negras.

Se dio la vuelta a verla, y ella tembló de pies a cabeza.

« ¿T-Tú eres Luzbel? –Murmuro con terror-»

«Ese ya no es más mi nombre. Lo he dejado atrás a penas pise este suelo. Yo soy Lucifer –una sonrisa torcida y llena de dientes afilados surgió en su cara.- Y tú no eres una criatura para este lugar, no puedes ser más Kyriel. »

Cuando los dedos de Lucifer la rozaron, un alarido se escapo de su boca. Su piel se agrieto, volviéndose gris y llena de grietas. Sus cuidados rizos cayeron de su cabeza. Su cuerpo se transformo en un ser completamente diferente a ella. Un ser más apto para ese mundo nuevo.

Ahora era mucho más alta, con el cuerpo definido y torneado. Largas uñas, unas alas oscuras y más ligeras, e incluso una pequeña cola formaban parte de ella.

«No, ya no eres Kyriel –la voz de Lucifer era como el choque entre mil rocas.- Tu serás ahora Lilith. Y este, nuestro mundo»


~Fin del Flasback~


Para cuando volví a la realidad estaba a punto de amanecer. Desvié mi mirada del horizonte hacia la cama, de nuevo, pero estaba vez con los ojos llenos de dolor y rencor.


«Todo el tiempo has sido tú, maldita sabandija»

miércoles, 4 de julio de 2012

Dear Daddy



Bañada en una capa de sudor despertó,con el pelo pegado a la nuca y la respiración agitada por las pesadillas. Era la misma que todas las noches ,y la pequeña rubia sentía que vivía un deja vu; la misma pesadilla que la acosaba desde que tenia memoria. Había asistido a terapias, creado barreras en su mente y en su corazón para evitar que la ida de su padre le afectara más de lo debido, pero estaba fallando en ese intento. Cada madrugada despertaba entre un manojo de sabanas y un mar de lagrimas, que luego, seguido por un ataque de asma, era el resultado de aquel sueño recurrente: Su padre con las maletas en la puerta alejándose sin decir adiós, o sin dar explicaciones. De una patada se deshizo de las pesadas sabanas que cubrían su cuerpo, tirándolas al piso. Se sentó en la cama, y se abrazo a sus rodillas. Había aprendido ya que de nada le servia llorar, porque eso no devolvería a su padre; ya se había acostumbrado a las sombras de su habitación. Intento recordar cada parte de su vida, porque sabia que la razón de su forma de ser, era la falta de su padre.


Aun siendo una niña, Euridice había tenido en claro el porque su papá no estaba. Había sido un mujeriego, e incluso había demostrado poca emoción cuando la teutona nació. Se fue cuando ella estaba a punto de cumplir los 3 años, y a pesar de que regresaba para cada cumpleaños o evento importante, el vacío que se fue creando en la jovencita era más que obvio. Su mamá pronto se casó de nuevo, y Euridice nunca acepto a aquel hombre de rasgos nórdicos como su padre, no lo odiaba, pero sabia que ese era el final a su esperanza de volver a ver sus padres juntos. Al ir creciendo se esforzó por ser la mejor en todo, por tener las mejores notas, e incluso, por portarse mal en casa solo para recibir una llamada de su padre, solo para oír su voz áspera dándole un regaño. Sin importar que, la rutina jamás cambiaba, lo veía solo 2 veces al año, y por menos tiempo del que ella hubiera deseado. Poco antes de cumplir 10, recibió la noticia de que tenia un hermanito, y ella no supo si alegrarse o echarse a llorar, porque a pesar de su corta edad, sabia que con Orfeo, sería todo lo que con ella no fue.

Cuando su pubertad llego, fue cuando más inestable se volvió, ya nadie podía controlarla, estaba descarrilada, porque por dentro estaba vacía, buscando cualquier forma de llenar aquel vacío que su padre había dejado. Cada día era más rebelde, se cortaba el pelo y lo pintaba de diferentes colores, usaba muñequeras con púas, diciendo malas palabras y aprendiendo a golpear cualquier cosa que se atravesara en su camino. Así era Euridice Isabelle por fuera, pero por dentro era mucho más que el desastre que representaba su físico;  simplemente no sabia que hacer con su vida, se cortaba a si misma constantemente solo para ver cuanto podía sangrar, lloraba sin parar, se sentía sola en el mundo, incomprendida. Se enamoro, cometió errores, y luego quiso repararlos creándose una imagen de rockera empedernida, tatuándose demasiadas veces, y perforándose hasta lugares que no deben mencionarse. Casi hace que la expulsen de la escuela...¿Y que recibía a cambio? Nada.No parecía interesarse por ella. Pronto dejo de darle importancia obvia, pues su madre era feliz, y ella debía intentar serlo.

El chirrido de su puerta la saco de sus pensamientos, sobresaltada intento buscar el causante de aquel sonido, y todo lo que encontró fueron unos ojos ambarinos mirándola desde una esquina. -¡Salem,maldito gato! Fuera de aquí..- le susurro, obteniendo un bufido y una mirada asesina de parte de este. Se levanto de la cama justo cuando el sol se asomo por su ventana, cegándola por un momento. Sobre su mesa de noche se encontraba su nuevo teléfono: Un Smartphone, regalo de su padre por su cumpleaños numero 18; por supuesto, había sido solo eso, una entrega por correo, un objeto inanimado, no el abrazo cálido que ella estaba esperando, o la llamada rápida de todos los años. Camino lentamente, observando toda su habitación iluminarse con la luz del astro, fijándose en detalles y regalos de su novio (el chico perfecto, según ella). Se sentó en el alféizar de la ventana, viendo toda la ciudad debajo de sí misma. Ella sabia que no importaba cuantos libros leyera, cuanto saliera, cuanto se emborrachara, comiera, durmiera o hiciera lo que fuera para olvidar su gran problema, este no iba a desaparecer jamás. Podía olvidarle por días, si quería, pero volvía a flote haciéndole más daño.

De nuevo el chirrido de su vieja puerta la sobresalto, haciendo que cayera del alféizar al piso por el susto. Levanto la mirada y se lo encontró: Rubio platinado, alto, con unos inmensos ojos verdes, una madibula cuadrada y una sonrisa cariñosa. Lukas Mortiz-Hagen estaba parado frente a ella, con los brazos extendidos. Sin dudarlo si quiera, la rubia salio corriendo a los brazos de aquel hombre, dejándose abrazar,dejando salir las lagrimas que había guardado durante meses por su ausencia
.-Vine a llevarte Izzy, quiero que vengas conmigo a casa..- Aquel suave susurro la hizo estremecer, su piel se puso de gallina, los labios se le secaron, y su respuesta fue solo un seco asentimiento.



"El ruido de la alarma de su despertador la despertó esta vez, le dolía la espalda, y como no, si estaba durmiendo sobre el alféizar de la ventana en una extraña posición, lo único visible de su cuerpo era su antebrazo, y el tatuaje más reciente que tenia, letras en cursiva "Dear Daddy" ponía el tatuaje. Entre lagrimas y maldiciones, se levanto de la ventana, tomo varia de sus pastillas y volvió a la cama, a dormir con la seguridad de que su papá jamas vendría por ella, esas cosas, solo le pasaban en sueños."